Comencé estudiando Veterinaria, porque siempre sentí una profunda conexión con los animales. Pero ver tantos perros enfermos, sufrir y enfrentar situaciones que emocionalmente no podía soportar me hizo alejarme de ese mundo.
Pensé que mi camino con los perros había terminado.
Hasta que llegó Betho.
Lo adopté pensando que simplemente estaba dándole un hogar a un perro que lo necesitaba. Betho llegó con una ansiedad muy fuerte, especialmente ansiedad por separación. Hubo momentos en los que pensé que no iba a poder, pero decidí intentarlo.
Comencé a estudiar, investigar y capacitarme para entender qué estaba pasando con él. Mientras trabajaba en su rehabilitación descubrí algo maravilloso: yo también estaba aprendiendo y transformándome. Betho no solo fue mi perro. Fue mi primer gran maestro.
Con él comenzó mi camino en el entrenamiento y la modificación de conducta. Con el tiempo me mudé a Miami y, después de perderlo, me costó muchísimo volver a abrir mi corazón.
Hasta que apareció Miko.
Miko había sido maltratado y estaba destinado a ser sacrificado. Decidí darle una oportunidad. Llegó con heridas que no siempre podían verse: era reactivo y había situaciones que despertaban miedo, ansiedad y respuestas difíciles de controlar.
Tuve que pedir paciencia a mis vecinos, explicarles su historia y trabajar poco a poco para que pudiera sentirse seguro nuevamente. Así entendí que la rehabilitación no ocurre de un día para otro. Ocurre en pequeños momentos.
Hoy Miko ha avanzado muchísimo. No es un proceso perfecto, pero me enseñó una de las lecciones más importantes de mi vida: nunca es demasiado tarde para una segunda oportunidad.
No importa la edad, cuánto tiempo haya vivido un perro con miedo o cuántas experiencias difíciles haya atravesado. Siempre podemos intentar comprenderlo, acompañarlo y enseñarle nuevas formas de relacionarse con el mundo.
Por eso nació Mi Reflejo Canino. Entrenar no significa solamente enseñar a sentarse, quedarse quieto o caminar junto a nosotros. Significa aprender a escuchar, comprender y construir un vínculo basado en confianza, paciencia y amor.
Porque muchas veces, cuando ayudamos a nuestro perro a sanar, algo dentro de nosotros también comienza a sanar. Ese es mi reflejo.

